¡Oye Compa!

Encarceladxs- Entre muros y alambradas, la libertad está en la lucha

Publicado originalmente en Oye Compa n°1, Septiembre-Octubre 2018: http://www.oyecompajunax.org.mx/pdf/

Texto de Andrés Molina

La (IN)justicia del Estado mexicano obedece a una lógica general de desestabilización y represión de aquellxs que se organizan colectivamente , lxs de abajo. Quienes luchan por la libertad, la justicia y la democracia; por su dignidad como personas o como pueblo; por el ambiente o por las culturas originarias. En definitiva, aquellxs que resisten los embistes de este sistema criminal, que nunca fue suyo ni nunca veló por sus intereses, sino por el beneficio de unxs pocxs, del capital.  Mientras se protege a aquellxs que usurpan la riqueza del país, que explotan y someten a su propio pueblo; se empobrece, encierra,  tortura, desaparece y asesina a quienes alzan la voz.

La cárcel, el castigo punitivo camuflado de reeducación y reinserción, es una de las viejas formas que adopta la represión política del Estado. El objetivo es fragmentar y destruir la insurgencia, esconder los subproductos del sistema y disfrazar la inoperancia de justicia. Indígenas, migrantes, militantes, pobres en general, llenan las prisiones. Inocentes o culpables, lo mismo da, las consecuencias siempre son las mismas: mayor exclusión, mayor probabilidad de reincidir o de comenzar a delinquir. Por no hablar de la explotación económica a la que son sometidas mientras están en prisión.

Pero, aún con todo, esto no es suficiente para silenciarlxs. Pues “la prisión no es más que un cambio de escenario (con toda su crudeza) donde seguir o gestar la lucha, donde los más ‘pequeños’ logros son una victoria que les hace más libres, ya que la libertad comienza donde empieza la lucha”  http://noestamostodxs.tk/info/contra-la-prision/ .  Así pues, la organización colectiva y la resistencia no mueren al entrar en la cárcel. Son muchxs lxs compas que alzan su voz más allá de los muros y las alambradas; como otros desde fuera trabajan y se movilizan para exigir su libertad. Estos vínculos de solidaridad y confianza resultan fundamentales en todos los niveles organizativos de la lucha, pero quizás en la cárcel  los lazos que se crean entre quienes ahí conviven alcanzan una fuerza e intensidad que quienes estamos fuera no podemos llegar a imaginar.

En Chiapas, a las afueras de San Cristóbal de Las Casas, se encuentra el CERESO Nº5, uno de esos centros de concentración y represión que abundan por todo el Estado mexicano. Allá (sobre)viven cerca de 250 presos varones, y apenas una decena en el módulo femenil. Como en la mayoría de las cárceles, la mayoría de quienes ahí habitan son indígenas, pobres e inocentes. Unas características que se repiten a lo largo de todo el territorio, como nos cuenta el compañero Alejando Díaz Santiz, uno de los presos en lucha organizados en el colectivo Solidarios de la Voz del Amate Adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona EZLN. Esta organización, junto a La Voz de Indígenas en Resistencia Adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona EZLN; forman los dos colectivos de presos organizados, cuyo trabajo desde el interior de la prisión es “buscar y exigir la verdadera justicia, ya que la injusticia se sufre dentro y fuera (…) el deber nuestro como organización es defender y apoyar a todos los presos”.

Pero el propio caminar de la organización también tiene una incidencia directa en sus vidas. Así lo expresa Juan de la Cruz Ruiz, de La Voz de Indígenas en Resistencia: “La organización ayuda, la fuerza de los compas, las enseñanzas de la Sexta… Desde el 94’ empezó el proceso de toma de conciencias… (Desde entonces) hemos aprendido las malas acciones de los malos gobiernos.”  En cuanto a su trabajo diario como organización, además de buscar su propia libertad y la de sus compañeros, realizan una exhaustiva labor de denuncia de lo que ocurre dentro. “Los Solidarios jamás nos hemos quedado callados, siempre hemos denunciado todo lo que sucede dentro de las cárceles. (…) Hemos solicitado atención médica para todos, promoviendo la salud, defendiendo los Derechos Humanos. (…) Publicar y denunciar los casos que se dan de desamparo de los DDHH. (…)” resume Alejando, quién termina la exposición con una contundente afirmación: “Seguimos resistiendo, nunca vamos a desistir en la lucha”.

El uso sistemático de la tortura es otra realidad bien presente dentro de la prisión: todos los compañeros con quienes hablamos la han sufrido desde el momento de su detención, y solo de esta forma el Gobierno consiguió que firmasen las declaraciones autoinculpándose. Las irregularidades de sus procesos, la falta de pruebas y de sentencias contra ellos, no evitan que lleven años injustamente encarcelados. Tampoco ayudan los defensores de oficio que les asigna el Estado, que en muchos casos aprovechan su posición para extorsionar y sacar un beneficio propio de la situación, constatando así su bajeza ética y profesional, y sirviendo, a su vez, como una herramienta indispensable de los malos gobiernos para perpetuar su situación.

Ante este escenario general de  injusticia, los compañeros llegaron a la conclusión de que por separado no conseguían nada, por lo que la organización surgió más como necesidad que como opción. La convicción en sus reivindicaciones, en su inocencia, y la consecución de victorias, grandes y pequeñas (desde la liberación de compañeros, a conseguir medicamentos o flexibilizar el régimen de visitas); es lo que mantiene viva la llama de la resistencia, es lo que les empuja a seguir luchando, a no rendirse nunca. Nuestra labor, desde fuera de los muros y las alambradas, debe ser la de denunciar y difundir su situación, luchar por su liberación y apoyarlxs en todo lo que nos soliciten. Porqué, como nos han demostrado, solxs no somos nada, pero juntxs venceremos a todo.

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